Jatnna Tavárez: "El éxito es ser mejor persona cada día, crecer y hacer crecer a otros"

Su voz nos ha acompañado y cautivado durante cuatro décadas de impecable trayectoria en la televisión dominicana. Sus palabras cargadas de dulzura y compromiso social son fuente de inspiración para quienes eligen comunicar desde la autenticidad, la pasión y la excelencia. En su andar celebra veinticinco años contando historias de vida en su espacio Con Jatnna, donde sus invitados se distinguen por ser ejemplos de inspiración en la edificación de una sociedad más comprometida.

En la calidez de una tarde en Santo Domingo, nos embarcamos en la aventura de conocer a la comunicadora más allá del rostro. Fuimos citados en su oficina y, una vez allí, su carisma y ese saludo tan distintivo, cargado de un cariño genuino que apapacha, nos reafirmaron que la coherencia entre lo que dice y lo que hace es auténtica. Nos concedió el privilegio de contar su historia, mientras abrimos esta puerta para inspirar a otros seres humanos. Ella es nuestra primera protagonista en Rostros que inspiran: la destacada comunicadora Jatnna Tavárez.

Yo diría que se escriben con varias palabras, por supuesto: felicidad, resiliencia y perseverancia. Siempre me preguntan qué ha sido lo más importante que he hecho, y lo primero que me viene a la cabeza es perseverar, porque de eso se trata la vida: de un compromiso, de una decisión que uno asume día a día, de no claudicar. Y la palabra compromiso, en mi caso, es de las que más peso tiene, porque hacer lo que hago, y con lo que he sido sumamente feliz, solo ha tenido valor gracias a ese compromiso: saber que tu obligación es representar a tantas personas que no tienen el mismo privilegio que yo, y que tiene que quedar algo. Que cuando uso mi voz, que ha sido mi herramienta, es para dejar algo, para ser agente de cambio, para generar transformación así en macro, porque me debo a tanta gente que me ha mantenido aquí por cuarenta años, que no son dos ni tres.

Una mujer normal, que vive y que trata por todos los medios de desempeñar todos sus roles, pero que vive quizás más de lo que la gente se pueda imaginar. Mi mamá, que en gloria esté, nos inculcó a mis hermanas y a mí que lo más importante en la vida era la actitud, que las cosas pasan. Decía una expresión que siempre llevo en mi mente: “El dolor muchas veces es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.” Entonces, es cuestión de actitud. Es cuestión de cómo tú canalices, intérpretes y enfrentes lo que te toca vivir.

He aprendido a que las cosas negativas no se me queden como un trauma, sino como un aprendizaje. Y repito mucho, porque es lo que yo pienso y creo a fuerza de vivir, que a esta edad yo no pierdo: o gano o aprendo; entonces eso es ganar-ganar. Y se debe a esa actitud frente a la vida.

Tengo una familia divina que me ha apoyado siempre y eso ha hecho posible que haya podido ir logrando cosas. Soy una mujer infinitamente feliz por mi hija, que es el premio más grande que me ha dado Papá Dios. Y he sido una mujer que tiene virtudes, pero también defectos, y eso sí, siempre trato de trabajar los defectos, porque no me creo esta película, nunca me la he creído. Esto es una bendición que ha puesto Dios en mi vida, pero soy muy consciente de que las cosas hay que ganárselas. Y así ha sido mi paso en todo este tiempo.

Mi mayor referente es mi mamá, que en paz esté, porque era una mujer tan íntegra, tan sabia. Todavía (y va a ser la vida entera)  pienso: ¿qué haría mami en este caso? Y a veces digo: ay mami, aconséjame, sobre todo en la crianza de mi hija, porque ella nos crió tan bien que digo que ni a las rodillas le vamos a llegar, pero me valgo de los recuerdos y de todo lo que nos aconsejaba. A nivel de comunicación, te podrás imaginar la dicha que he tenido: comencé de la mano de doña Miledy de Cabral, gracias a ella, teniendo como compañero a don Ellis Pérez; luego pasé con Yaqui Núñez del Risco, mi maestro de la palabra; después estuve en Color Visión, en el espacio Hoy Mismo, en las noticias, y luego con mi gordo bello, Freddy Beras Goico, mi escuela, hasta que me independicé.

Estuve al lado de verdaderos maestros, cuyos ejemplos, no solo con lo que decían, sino con la coherencia de cómo hacían las cosas, fueron mis guías y referentes. Y aunque haya pasado el tiempo, siguen siéndolo, porque tengo que recurrir a esas fuentes, sobre todo con lo que se vive hoy en la comunicación. Desde el principio tuve clara la decisión: aunque llegó por sorpresa, siempre supe lo que significaría para mí el ejercicio de la comunicación, y particularmente, que fuera social, porque traía una vocación de servicio desde niña. Y qué bueno que se dio en esta plataforma que me ha permitido tantas cosas en ese sentido.

Perseverancia. La definición del éxito es muy relativa, pero en mi caso me gusta que sean otros quienes hablen de eso. Sin embargo, sé que tiene denominadores comunes que no fallan: la perseverancia, la preparación, ponerle pasión a todo lo que haces, ir de la mano con principios y valores, sin claudicar. En el caso de la comunicación, nunca ponerle precio a tu conciencia, porque sería una forma no solo de traicionar a los demás, sino de traicionarte a ti mismo. Hacer las cosas con ilusión, la fe (en mi caso) es poderosa. Hacer las cosas con sentido de solidaridad, con la conciencia de que más allá de uno mismo hay gente que necesita.

El éxito es proponerte ser mejor persona cada día. Crecer, pero haciendo que muchos otros puedan crecer junto a ti, abriendo paso y creyendo en el relevo. El éxito también es saber usar tu inteligencia emocional: no dejar que sean las emociones las que te dominen. Es entender que en todo lo que emprendas siempre sentirás miedo ante lo desconocido, pero tiene más éxito quien no permite que el miedo lo paralice. Mi mayor temor es que el miedo, en algún momento, me paralice, porque prefiero mil veces decir “lo intenté, me equivoqué”, dicho en términos coloquiales, me guayé, a pasar el resto de la vida pensando qué habría pasado si me hubiera atrevido.

Es levantarte cada día con ilusiones renovadas. Mantener el contrato que haces cuando vienes de un hogar que te inculcó principios y valores, ese acuerdo diario con la decencia, que te impide claudicar y te recuerda que siempre habrá un mañana. Es transitar el camino largo, sabiendo que nada te cae del cielo, y disfrutar el proceso, disfrutar lo mucho o lo poco que hayas logrado, porque de seguro nadie te lo puede regatear.

Mi filosofía de vida: que el miedo no me paralice. O sea, vamos a intentarlo, muriéndome de los nervios, como tú comprenderás, porque era algo desconocido para mí. Luego, con el paso de los años, me puse a pensar: ni yo misma reconocía que iba a poder dar para eso, porque en el colegio hice de Sánchez, Duarte, Mella, de la Virgen; presentaba las veladas, declamaba en concursos de poesía y ganaba en mi categoría. Ya ahí se perfilaba algo, pero desconocía que ese era mi mayor interés.

Tenía mucho miedo, era mucha sorpresa. A veces, el estar tan sorprendido te impulsa, te induce: mira, muchachita, arranca; y ese voto de confianza que nunca se me va a olvidar, que lo tuvo mi gordo también conmigo: o lo tratas de hacer bien o lo tratas de hacer bien, tú no tienes otra salida. Y sí, con temor, pero fue una cosa que me atrapó desde el primer momento… ¡Uff, divino!

Que la amo, ella sabe que la amo. Mi madre comunicacional. No me canso de decírselo; nosotras tenemos un chat: Las hijas de Milady: Zoila Luna, Lissette Selman, Yolanda Mañán, Saraida De Marchena y Carmen María Espaillat. Yo se lo digo: madre, usted no sabe, todavía no está consciente de lo que hizo en mi vida y de cómo el Señor la utilizó como instrumento. Ella puso en mi vida y en mis manos una carrera en la que yo he sido inmensamente feliz.

Ella cambió el curso de mi vida. Tan sencillo, pero tan grande como eso. La amo profundamente, le agradezco inmensamente; me van a faltar días en mi vida para admirarla como profesional y como ser humano, porque yo entré de su mano, en aquella época en que los hombres eran los que tenían mayor preeminencia, no solo en la televisión, sino dentro del trabajo que ella hacía. Aquella señora, con una credibilidad extraordinaria, fue quien fundó Hoy Mismo y luego vino Buenos Días, que fue otro producto de muchísimo éxito, con un criterio extraordinario. O sea, el tú ser invitada por doña Milady a su programa era como “ponerte largo”, porque ella se cuidaba mucho de tener invitados importantes, gente que dejó legado en cada una de sus participaciones. Yo la amo y le agradezco inmensamente y para siempre.

(Risas) Ay, yo soy así, manganzona desde chiquitica. Me declaro afectivamente dependiente; para mí esa es mi gasolina, ese es mi motor. Siempre tengo esa necesidad de recibirlo, pero, sobre todo, de darlo. La tecnología ha avanzado mucho, pero creo mucho en esto; creo que eso es poderoso: el afecto, el cariño, la confianza que te imprime, saber que cuentas con alguien que extiende la mano y que hay alguien ahí para ti, o que tú estás para alguien. Yo creo que es la esencia de la vida también.

Siempre he sido así, y es verdad: cuando daba las noticias, yo decía: “Les mando un abrazo, espero mañana compartirles mejores noticias”. Y me mandaban a buscar y me decían: “Usted no está ahí para estar mandando abrazos”. Y mira, el tiempo me dio la razón. Al final, se rindieron.

Imagínate, Yaqui era el maestro de la palabra. Nos ponía a leer los diccionarios, nos decía: “Tomen tantas palabras y apréndanselas, no solo para decir el significado mecánicamente, no; adéntrenlas a sus vidas”, porque era una forma de ir enriqueciendo el vocabulario. Y escucharlo era un agasajo, era verdaderamente un placer.

Y mi gordo, Freddy Beras-Goico, fue mi súper maestro; era mi familia. Él conocía a mi papá y a mi mamá desde que yo era una niña. Era la persona a donde yo iba, aun no estando trabajando con el, y le decía: “Me están proponiendo”, y me respondía: “Tranquila, quédate donde estás”. Siempre fue mi consejero. ¿Y con el gordo, qué pasaba? Que no era solamente lo que me decía, era lo que yo veía: esa coherencia que yo no te la puedo explicar, aquel talento, ¡madre de Dios!, pero con aquella humildad impresionante, qué amor por su gente y por su país.

Siempre lo digo: aquí sucedía algo y había que esperar qué era lo que el gordo iba a decir para tú saber por dónde era que te ibas con relación a cualquier acontecimiento. Son de esos seres irrepetibles en millones, y yo tuve ese gran privilegio, siendo tan bien tratada, con tanto cariño, con tanto respeto, con tanto reconocimiento de su parte; su familia es mi familia. Tengo que referirme mentalmente a él en muchas oportunidades, sobre todo en la comunicación, en el trabajo social, en planteamientos de defensa de la sociedad.

De hecho, Steven Llavería, mi ahijado, me envió una fotografía hace poco: él recién nacido, porque yo me iba con el gordo en los viajes que se hacían a Estados Unidos para las operaciones a corazón abierto, y mi ahijado se acaba de casar, y nos hemos mantenido permanentemente en contacto. Y me dio una sorpresa con esa fotografía que me hizo llorar a mares: en ella está el gordo. Fue divino. Steven me dice: “Madrina, ¿usted recuerda que a mí me dijeron que yo no duraba hasta los 15 años?” Y ya él tiene 29 y acaba de casarse. Entonces, el gordo fue una persona que marcó mi vida y la de todos los dominicanos. No hay un día que no se diga qué falta hace Freddy. Sabes tú lo privilegiada que fui.

 “Vamos, vamos, vamos.” Y no se crean ustedes que yo no lloro; yo lloro que me hincho a más no poder, pero vamos, que mañana va a amanecer. Y doy otra lloradita, pero vamos. Por qué voy a rendirme… vamos hasta el final. Claro está, no soy la Mujer Maravilla, no existe, pero siempre hay que dar una milla extra; se lo digo mucho a mi hija.

Son tantas. Las historias de vida jamás se equivocan, porque eso es lo que somos los seres humanos, a fin de cuentas. Yo apuesto a eso. No puedes estar aquí pretendiendo que va a bajar un marciano. Todo está hecho, es quién y cómo se hace. Siempre he apostado a eso y ha sido de tanto aprendizaje. Siempre digo algo: he tenido el gran privilegio de poder sentarme a entrevistar a mucha gente que yo entiendo que ha tenido mucho éxito, la verdad, y cuando escucho su historia de vida, se te enchina la piel y tú dices: ¡Ay, Dios mío! Y será que hay que pagar un precio para poder lograr el éxito… Y luego colijo que no, es que han perseverado, que han persistido, que han ido por sus sueños y que no se han dejado vencer. Han sido muchas historias y, casi siempre, historias muy fuertes, historias muy difíciles de esas personas sobre quienes considero que han sido más exitosas.

¿Sabes quién es David Bisbal?, yo era una fanática de Operación Triunfo. Traen al país al cantante David Bisbal. En esa época, en el trece le pagaban un dineral a los empresarios para llevar a los artistas y yo quería tener a Bisbal; hice el esfuerzo, pero dije: no tengo fuerzas para pagar lo que están pidiendo. Conseguí el patrocinio con Claro, tuvimos 800 personas en el estudio, Edilenia Tactuk me hizo la producción, una locura, fue súper chulísimo y marcamos muy bien con David Bisbal, ya te podrás imaginar.

Al mes siguiente era el mes de las personas con discapacidad auditiva y visual. Soy embajadora de la Escuela Nacional de Sordos y siempre he participado también con el Patronato Nacional de Ciegos, sobre todo a través de Sonia; todos los años hacemos algo. Y le digo: “Sonia, yo no quisiera que este año hiciéramos como lo mismo, de que sí, pedimos reivindicaciones, queremos que haya más inserción laboral…” Entonces, Sonia me llevó una pareja: una persona con discapacidad visual y una joven preciosa con discapacidad auditiva. Nos sentamos, hablamos; ellos estaban medio enamoraditos, no te canso la historia: ellos se comprometieron ahí. Eso fueron ocho minutos del reloj.

Yo me fui entrando y les dije: “Pero entonces, ¿y qué es lo de ustedes?” Y ellos me contaron que estaban trabajando y todo lo demás. Mi amor, esos ocho minutos hicieron que ese programa marcara más que el programa de David Bisbal. Para mí fue sumamente aleccionador. Yo dije, a partir de ahí: Esto es. Es la gente. Eso no se equivoca.

Yo creo en apostar a la esencia. Yo elegí amar, honestamente. Eso no me hace superior a nadie. Elegí no albergar odio ni infundir odio. Puedo estar o no de acuerdo con algo, y si lo digo, todo se puede decir, pero con su forma. A veces, cuando digo cosas, lo hago con ese mismo sentimiento de construir, no de destruir a nadie. Y, claro está, la tecnología… esto me da un trabajo que no te puedo explicar, porque nací análoga, pero me tengo que adaptar. He tratado de ir ahí, pasito a pasito, porque me tengo que adaptar a los nuevos tiempos y utilizarla como un complemento, pero nunca dañando, siempre para construir.

Humildemente, poder dejar huellas para que puedan ser seguidas por otros, ese es mi deseo; no estoy afirmando que ese sea mi legado. Ser recordada como una mujer que vivió para servir, que trató en todo momento de tocar vidas y generar transformaciones, que agradece profundamente todo lo que ha recibido. El Señor ha sido grande y misericordioso conmigo siempre, y tengo que estamparme la palabra gratitud, que es lo que requeriría en este momento de mi vida.

Y mi mejor legado para mi hija, por supuesto: hemos trabajado para tener mejores condiciones de vida y, sobre todo, para ella. Pero el mejor patrimonio que le voy a dejar es que pueda entrar a cualquier lugar, por el resto de su vida, con la cabeza en alto, y que no tenga nada de qué avergonzarse en relación a mí, a mis hechos, a mi camino y a mi trayectoria. Eso es lo que más deseo y por lo que trabajo y lucho, no importan los años que me toquen vivir: no claudicar. Y hacer que ame la decencia cada día más, como hasta este momento, gracias a Dios, y que esos conceptos los tenga bien claros.

Inmensamente feliz, así es como puedo definirla. Eso no quiere decir que no haya tenido altibajos, pero siempre recojo y hago un puñito con los mejores momentos, y han sido muchísimos más; por eso, inmensamente feliz.

El corazón detrás del rostro:

¿Quién es Dios en tu vida? Mi todo.
¿Por qué te sientes agradecida? Por la vida, por el amor y por lo mucho que me ha dado Dios.
¿Cómo describes estos veinticinco años de Con Jatnna? Como una ilusión enorme y de mucha satisfacción.
¿Persona que te inspira? Mi hija, mi familia y el recuerdo de mi madre.
¿Causa social que te mueve? Todas en las que pueda ayudar, pero amo mi trabajo en UNICEF.
¿Qué meta te empuja a salir adelante? El ser mejor persona cada día.
¿Qué canción cuenta tu historia? “Vive” de Milly Quezada; me la bailo entera.
¿Qué película te sacó una lágrima? La vida es bella.
¿Cuál es tu rinconcito favorito en el mundo? Mi hogar, abrazadita de mi niña.