Entrevista: Grisuleyda Guerrero I Foto: Bienvenido Mateo
El periodismo ha sido el puente que le ha permitido servir desde el amor, la empatía, el respeto y la conciencia. Ella ha abrazado las palabras para narrar hechos de vida que ponen de relieve la realidad y el olvido en que habitan las personas vulnerables. Cada noche tiene una cita con el pueblo dominicano en su rol de reportera en la emisión nocturna de Noticias Telemicro, donde mueve las fibras más sensibles del ser con reportajes humanos que despiertan la compasión y la solidaridad en el corazón de la audiencia. Pero es una dicha que, en esta ocasión, los roles se invierten y es ella quien comparte su propia historia.
Jeannette Fernández Espino es una destacada periodista firmemente convencida de que su propósito de vida es ser un canal de sensibilidad en medio de tanta prisa; que vino a recordarnos y a recordarse a sí misma que lo verdaderamente valioso no siempre hace ruido. A veces es un gesto amable, una palabra sincera, una mirada que comprende sin juzgar. Su filosofía de vida nos recuerda aquella frase del reconocido periodista polaco Ryszard Kapuściński que, para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buen ser humano.

Su solidaridad tiene raíces profundas en su infancia. Su niñez transcurrió en Jayaco, Bonao, provincia Monseñor Nouel. Con solo recordarla, las lágrimas asoman. Fernández es la mayor de tres hermanos, hija de un padre trabajador y amoroso y de una madre dedicada por completo al hogar y al cuidado de sus hijos. Sin embargo, su padre enfrentaba grandes dificultades con el alcohol, lo que lo transformaba los fines de semana. Se ausentaba por días y cuando regresaba protagonizaba discusiones violentas con su madre.
Una noche todo cambió. Su madre se vio obligada a huir para proteger su vida cuando su padre, en un momento de furia, levantó un machete contra ella. Logró escapar a tiempo, evitando una tragedia. Para resguardarla, la familia materna decidió enviarla a vivir con un hermano a Santo Domingo, una decisión dolorosa que tomó entre lágrimas, dejando a sus hijos bajo el cuidado de los abuelos. Aquella escena marcó la vida de Jeannette, y aunque no desarrolló secuelas emocionales graves, le dejó una profunda sensibilidad ante el sufrimiento ajeno, la cual pone de manifiesto en cada historia que cuenta de manera compasiva y justa.

¿Y qué hay de su amor por el periodismo? Nos responde entre risas que se originó porque su fuerte no eran las matemáticas. Pero la verdad es que más allá de eso, surgió de una introspección muy honesta, se dio cuenta de que la Ingeniería en sistemas no era su camino. Al observarse con sinceridad, comprendió que su sensibilidad ante el sufrimiento de los demás era parte de su esencia. Y decidió convertir esa susceptibilidad en un propósito de vida.
En su rol como reportera, se destaca por su enfoque especial hacia historias humanas que tocan el corazón y generan transformaciones sociales. Su dedicación, talento y aporte a la comunicación social le han hecho merecedora de importantes reconocimientos, entre ellos el más reciente otorgado por el Colegio Dominicano de Periodistas, en reconocimiento a su impecable trayectoria.
Desde ese periodismo que ejerce con alma y propósito, nos comparte uno de los reportajes que más la ha conmovido: el de una niña que necesitaba una cirugía de emergencia por un tumor en la cabeza.
“La cobertura despertó tanta empatía que incluso personas privadas de libertad se comunicaron con su madre desde la cárcel para colaborar económicamente. Se logró reunir el dinero necesario. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos, la niña falleció. Esa experiencia me marcó profundamente. Me recordó el poder del periodismo para mover corazones… y también la fragilidad de la vida”, expresa reflexiva.
Sin duda, esta conversación íntima con Jeannette refleja cómo la sensibilidad, asumida con conciencia, se convierte en una herramienta valiosa para iluminar caminos y motivar acciones en favor de quienes cargan con el peso de las necesidades y se aferran a la esperanza de un gesto solidario.

